Asia y Pacífico, de la industrialización al futuro

Hong Kong, símbolo de riqueza asiática y poderSegún Noeleen Heyzer, subsecretaria general de la ONU y secretaria de la ESCAP (Economic and Social Commission for Asia and the Pacific), en 2011, la región Asia-Pacífico emergía de la crisis financiera como factor de crecimiento determinante y tabla de salvación para la economía mundial. En el mismo contexto, alentaba a los países de esta amplia región a dinamizar su estructura económica para favorecer un desarrollo regional equilibrado.

Crecimiento a pesar de las dificultades

La economía de los países emergentes de la región Asia-Pacífico, liderados por China e India, creció un 7,3 % en 2011. Los esfuerzos sobre la productividad y competitividad de sus productos en el mercado internacional, se han visto frenados, de nuevo, por las dificultades que encuentran en la adquisición de combustible y productos alimentarios.
A nadie se le escapa que el mundo occidental teme un crecimiento desmesurado de esta región y que se ha apoyado en pactos con los países exportadores de petróleo para, de algún modo, bloquear la tendencia emergente de sus principales competidores.
Sin embargo, en los últimos meses, se está forjando la idea de que una alianza entre los países sudamericanos (exportadores por excelencia de productos alimenticios y, en algunos casos, de petróleo) podría acabar con estas carencias y poner fin a las limitaciones de crecimiento del arco Asia-Pacífico.
Otro factor muy importante de freno ha sido una cadena de desastres naturales en el último lustro, que supusieron un muy elevado coste en vidas humanas y recursos económicos. El ejemplo más claro se encuentra en la situación creada con las plantas nucleares de Fukushima, en Japón.

Desigualdades sociales y desequilibrio

Este rápido crecimiento no ha ido acompañado de una mejora en la calidad de vida de una gran parte de sus habitantes. Podría deducirse con facilidad que, de hecho, la inmensa capacidad competitiva de sus exportaciones se debe, en gran medida, a las precarias condiciones laborales de los trabajadores de estos países. Las más importantes multinacionales del mundo, por ejemplo, ansían establecer sus centros de producción en países asiáticos para abaratar el coste en recursos humanos.
Como consecuencia, más de 950 millones de personas de esta región viven con menos de 1,25 dólares al día. Aparte de que ese dato no representa una calidad de vida aceptable en un país emergente, las carencias de las familias en cuanto a sanidad, escolarización e incluso nutrición, acaban redundando en un mayor gasto de seguridad social y de subsidios agrícolas o rurales en las zonas más desfavorecidas.

Tabla de salvación o futuro hipotecado

Desde que se desató la crisis económica mundial en 2008, el ciudadano medio ha podido percibir que hay países que deben dinero y países que tienen dinero ahorrado. En el caso del arco Asia-Pacífico, quizá el mejor exponente de esto sea China. Mientras los países occidentales necesitan sacar deuda soberana a subasta para poder hacer frente a sus pagos inmediatos, o al pago de deudas anteriormente contraídas, China está comprando deuda.
En términos inmediatos puede calificarse este conjunto de transacciones como una ayuda, pero no cabe duda de que, gracias a los intereses pactados, la inversión hecha en deuda externa será más beneficiosa para el país comprador que para el país que ha vendido. Máxime por la manifiesta incapacidad occidental de imponer los intereses nacionales a los intereses de los mercados.

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El comercio justo, ¿qué es?

El equilibrio del comercio justoDesde que el mundo es mundo, el poderoso se ha aprovechado del pobre. De esta manera, ante el comportamiento abusivo que venían sufriendo las empresas familiares y de pequeño formato de los países del tercer mundo, nace una manera de hacer comercio que equipara el precio de producción con el precio final de mercado.

Orígenes e historia

A mediados del S.XX se buscan fórmulas que salvaguarden los derechos de los trabajadores y productores de lugares subdesarrollados, que se veían perjudicados por las reglas existentes en cuanto a comercio internacional. Con la creación por parte de la ONU de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, en 1.964, se sientan las bases de lo que será hoy día el actual comercio justo. Así, al final de los años sesenta se produce la comercialización de algunos productos artesanales provenientes de países en vías de desarrollo, creándose organizaciones que defendían este tipo de comercio justo. En un principio, esto productos eran sencillos. Pero todo cambia cuando en 1.973 se distribuye el primer producto alimenticio, concretamente fue café de Guatemala. Esto significó el despegue definitivo del comercio justo. Desde ese momento se comienza a distribuir no solo productos artesanales, sino también productos de alimentación, como el té, el cacao o el azúcar, entre otros.

Pilares fundamentales del comercio justo

La base principal de este sistema es la búsqueda de la disminución de la pobreza mediante el comercio. Para ello es importante encontrar un precio justo para los productores, que se suelen unir en cooperativas, consiguiéndose esto a través del diálogo y el consenso con las empresas importadoras. Siguiendo esta línea, se busca que hombres y mujeres cobren un salario igual, que se sigan las directrices marcadas por Naciones Unidas en cuanto a Derechos del Niño, y que no exista el trabajo forzoso. Además, se pretende que las condiciones de trabajo sean las más saludables y seguras, siguiendo los términos establecidos por la Organización Internacional del Trabajo, así como se respeta las horas de trabajo y descanso legisladas en cada país. Se persigue, en gran medida, que el impacto sobre el medio ambiente sea nulo o mínimo, utilizando medios naturales u orgánicos para los procesos de elaboración y recolección. Igualmente, y siempre que sea posible, el traslado de los productos se intenta realizar por mar para evitar la excesiva contaminación. Para cerrar un ciclo de producción ecológica máxima la mercancía es embalada con material reciclado o que sean fácilmente biodegradables.

Tiendas por todo el mundo

Los productos elaborados a través de esta filosofía se pueden adquirir en tiendas especializadas o, incluso en internet, por medio de tiendas on-line. En ambos lugares, el cliente puede conocer cuál es la procedencia exacta de cada artículo. Este tipo de tiendas se caracterizan porque sacrifican, de manera voluntaria, parte de sus beneficios para que estos recaigan en mayor cantidad en los productores. Esto pueden hacerlo al no existir intermediarios entre unos y otros. El consumidor final también se ve favorecido al no tener que pagar más por un producto.

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Brasil y el desarrollo sostenible

Vistas de Sao Paulo, imagen del poder de BrasilA tenor de lo datos recogidos en los últimos años, cabe plantearse si la República Federativa de Brasil debe mantener el apelativo de potencia emergente. Es la sexta economía mundial a pesar de que aún no ha comenzado a explotar las cuencas petrolíferas halladas recientemente en su costa. Por tanto, ¿necesita transformarse también en una potencia armamentística para considerar su inclusión en el G8?

Paradojas de la globalización

Ningún país avanza rápido dando la espalda a la globalización. Este proceso se sustenta en el desarrollo de las teorías más neoliberales provenientes de Estados Unidos y Reino Unido, sobre todo impulsadas por los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, respectivamente.
Brasil no le da la espalda y, sin embargo, es actor importante en los movimientos que plantean alternativas a la globalización tal como ahora se conoce. De hecho, Brasil ha acogido más veces que ningún otro país las reuniones anuales del Foro Social Mundial (que coinciden de modo estratégico con las reuniones del elitista Foro de Davos), en las que, pensadores de todo el planeta, se alinean para discutir acerca de modos viables y sostenibles de beneficiar a la sociedad de una globalización técnica y cultural, haciendo más equitativo también su aspecto económico.

Líder de la región

La República Federativa de Brasil no quiere avanzar sola y no parece conformarse con exportar productos en las condiciones que dicten los mercados asiáticos u occidentales. Una de las claves de su éxito se encuentra en el modo en que está encabezando el desarrollo de toda Sudamérica.
Desde hace más de 8 años, Brasil ha fortalecido el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), con una cartera de créditos que rondan los 20.000 millones de dólares, orientados principalmente a sus países vecinos. Pero esta entidad no tiene su principal objetivo en la obtención de beneficios a través de los intereses de terceros, sino en la facilitación de crédito a las empresas brasileñas que operan en otros países. Dichas empresas, en la primera década del siglo, han aumentado el crédito recibido para operar en el extranjero aproximadamente un 1.000 %.
Por tanto, la intervención activa del gobierno (desde que tomó las riendas Lula da Silva en 2003) redunda en un beneficio para el tejido empresarial brasileño pero, a la vez, sirve para mejorar las condiciones de las regiones más desfavorecidas, dando por buena la tesis de que, invertir en desarrollo, a medio plazo supone un ahorro para el Estado en seguridad social y subsidios.

Armamento

A pesar de todo lo anterior, Brasil parece un eterno candidato a desprenderse del título de nación emergente, pero no debido a cifras económicas, sin duda. Quizá con vistas a tomar las riendas del escenario internacional, desde este país se ha promovido el fortalecimiento del Consejo Suramericano de Defensa. Actualmente, Brasil espera le llegada de tecnología armamentística de diverso tipo, pero concretada de modo claro en un acuerdo con Francia por la compra de 5 submarinos y 50 helicópteros. Después de estas remesas, el mercado se abrirá para otros países de la región e intentará extender los acuerdos a ciertas zonas de África.
Con materias primas, petróleo, un banco nacional sólido, relaciones de exportación inmejorables y armamento, Brasil puede hacerse protagonista de primer orden, poniendo en el escenario mundial un modelo de crecimiento distinto, nacionalizado y sostenible.

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Algunas claves del comercio internacional

Claves para entender cómo funciona el comercio entre paísesEn la actualidad, la compra-venta de productos y servicios entre distintos países es un factor determinante para la economía global y las economías nacionales. Estas son algunas de sus claves.

Definiciones básicas

Se llama comercio internacional al intercambio de algo por otra cosa de idéntico valor entre dos o más estados. Este concepto se diferencia del término comercio exterior, el cual hace referencia al volumen de importaciones y exportaciones de un país, así como al entramado de políticas comerciales adoptadas por un estado para regular y definir cómo se va a comportar en el comercio internacional. Todos los estados, por lo tanto, tienen comercio exterior, pues disponen de instituciones, pautas y normas jurídicas que determinan cómo abordan las circunstancias derivadas de la entrada y la salida de mercancías y servicios en su territorio. Se llama exportación, precisamente, a la salida de bienes de un país hacia otro, e importación a su entrada. Todos los países del mundo, incluso los más desfavorecidos económicamente, cuentan con recursos que pueden permitirles producir sus propios bienes y servicios, tanto para el mercado interior como para los extranjeros. La comercialización internacional posibilita, precisamente, intercambiar esos artículos en cuya producción pueden especializarse los países.

La influencia de las autoridades

Los gobiernos, sin embargo, establecen mecanismos de control sobre esas importaciones y exportaciones, con la voluntad de impulsarlas o frenarlas, favoreciendo o impidiendo el comercio internacional en su territorio. Los países que tratan de potenciarlo utilizan políticas liberalizadoras y, los que intentan minimizarlo, proteccionistas. Los aranceles -tasas aduaneras establecidas por las autoridades de un país, las cuales incrementan el precio final del bien importado- son una de las herramientas principales para influir en él. Cuantos menos sean, más sencillo y atractivo resultará importar, aumentando así el comercio internacional. Y viceversa. Universalmente se tiende a su progresiva reducción, si bien en algunos estados proteccionistas existen también trabas arancelarias a la exportación en forma de tasas. Es mucho más habitual, no obstante, hallar prácticas gubernamentales -comerciales, financieras y fiscales- que favorecen las exportaciones. Si no existieran estos estímulos para la exportación ni frenos a la importación, el comercio internacional se regiría exclusivamente por la calidad, la eficacia productiva y el precio de lo comercializado.

Dumping y mecanismos internacionales

La verdad es que no es así. Las prácticas arancelarias condicionan estas relaciones comerciales, llegando en ocasiones a extremos como el dumping, consistente en vender fuera del país más barato que dentro e, incluso, por debajo de su coste. Es una práctica habitualmente prohibida y, en todo caso, censurable. El dumping ecológico -que utiliza sistemas productivos contaminantes y dañinos al medio ambiente para reducir los precios de forma artificial- y el social -basado en la explotación de los trabajadores- son variantes de dumping mucho más recientes. Existen, por último, organismos internacionales que regulan, canalizan e impulsan las relaciones comerciales internacionales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio; así como acuerdos comerciales entre países de una misma zona para impulsar, consolidar y defender sus relaciones comerciales; por ejemplo, la Unión Europea y Mercosur.

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La delicada situación del espacio Schengen

La eliminación de las fronterasEl acuerdo Schengen, firmado en 1985 y puesto en vigor 10 años más tarde, delimita una serie de países entre los cuales desaparecerían los controles fronterizos. Aparte, dichos países deberían armonizar un mismo protocolo de actuación con respecto a las fronteras exteriores al espacio Schengen. La coyuntura actual en Europa ofrece algunos aspectos que ponen en entredicho la viabilidad del proyecto.

Conflicto de identidad

En primer lugar, cabe señalar que el espacio Schengen es algo paralelo y distinto a la Unión Europea, que no se integró en su marco jurídico hasta el Tratado de Ámsterdam en 1999.
Esto ha dado lugar a que algunos países de la Unión Europea no estén suscritos a dicho acuerdo (Irlanda y Reino Unido, por decisión propia; Bulgaria, Rumanía y Chipre, por no cumplir ciertos requisitos necesarios) y que otros países, que no forman parte de la Unión Europea, sí estén dentro del espacio Schengen (Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein).
Esta separación voluntaria de Irlanda y Reino Unido, junto a las diferencias con respecto a la moneda única y la firma de la Constitución Europea, ponen de manifiesto que la identificación de todos los países con el proyecto conjunto europeo no es la misma.

Inmigración y terrorismo

No hay duda de que los atentados de origen islamista, perpetrados en la primera década del siglo XXI, han modificado el modelo que Europa estaba adoptando para sus fronteras.
Además, la colaboración entre España y Francia (y ocasionalmente Portugal) encarando sus propios problemas de terrorismo, no dejan intacto, tampoco, ningún protocolo que tenga que ver con pasos fronterizos. Esto hace pensar que un proyecto, cuyas bases más importantes tienen que ver con los ideales europeos, se pliega a las coyunturas inmediatas de la seguridad civil, dejando en entredicho la idea de que el propio concepto de unión pueda ser necesario, especialmente en momentos de mayor tensión social o política.
Además, no todos los países se sienten igual de cómodos frente a la llegada de ciudadanos extranjeros que, aunque asentados perfectamente en países que los acogieron y nacionalizaron durante décadas, provocan conflictos laborales al llegar a regiones con modelos productivos distintos. La crisis económica desatada en 2008 ha generado una reacción de retroceso en las expectativas laborales de la clase media europea, sobre todo en los países conocidos como “de segunda velocidad”. Los trabajos que antes, gustosamente, se cedían a ciudadanos extranjeros, que circulaban libremente por la práctica totalidad de Europa, ahora son bienes codiciados para el ciudadano autóctono, que comienza a observar los flujos migratorios con desconfianza y temor.

Necesidad de interconexión

Sin embargo, precisamente por el azote de la mencionada crisis económica, los ciudadanos mejor formados, aquellos que desean ampliar sus expectativas laborales o, simplemente, cumplirlas, necesitan que exista facilidad de paso y comunicación entre países dentro del espacio Schengen. Requieren, en pocas palabras, poder emigrar para buscar trabajo.

Así mismo, las exportaciones, que están salvando de la debacle total a algunos de estos países de “segunda velocidad” dentro del marco de la Unión Europea, también se ven beneficiadas, sin lugar a dudas, por la posibilidad de que circulen libremente autónomos, consultores, camioneros, directivos, etc.
Esto lleva a pensar que, si bien es un camino plagado de dificultades, el espacio Schengen merece una segunda oportunidad, quizá tras un nuevo acuerdo revisado y adaptado a los tiempos presentes.

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